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Familia
La paternidad ¿y ustedes para cuándo?
Para cuando

La paternidad nunca me pareció un tema particularmente atractivo. Años de escuchar las leyendas de terror sobre desveladas, cambios de pañales, berridos interminables y ensordecedores, imposibilidad para viajar, ir al cine, comer en un restaurante, salir de noche, y en general para ejercer cualquier actividad placentera propia de la vida adulta, me hacían pintar una raya más o menos firme y rara vez imaginarme cómo serían mis hijos, si es que los llegaba a tener.

Las cosas cambiaron hace unos seis años, cuando mi único hermano, menor que yo, y su esposa, anunciaron radiantes que serían padres por primera vez.

Tengo el hábito de hacer cuentas mentales todo el tiempo, incluso sobre los temas más banales. Este tema no era tan banal. Mi hermano, que siempre tuvo un sentido práctico de la vida, se casó a los 29 años; ahora se disponía a recibira su primogénita justo después de cumplir los 32. Yo tenía 33 y no sólo no había niños en mi futuro cercano, sino que, además, ni siquiera había considerado con toda la seriedad que ameri-taba el caso pedirle matrimonio a mi novia.

No me gustaría llamarlo presión social, pero la escena empezaba a ser, digamos, ligeramente incómoda. La pregunta "Y tú ¿Para cuándo?" es una de las más desagradables de la lengua castellana, más aún cuando parientes claramente menores que el interrogado, ya también están casados y embarazados o pariendo, mientras que los viejos amigos de la universidad y la prepa ya tienen hijos cercanos a la pubertad.

A mediados de 2005 decidí casarme por dos razones fundamentales: no imaginaba pasar mi vida con nadie que no fuera mi novia, y después de varios años viviendo sólo, llegué al límite de mi capacidad para lidiar conmigo mismo. Vivir así es divertido y tiene múltiples ventajas, pero también puede ser fuente de pésimas costumbres y creciente intolerancia hacia el resto de la humanidad.

No los cansaré con los detalles de la boda. El proceso para llegar al evento es tan desgastante, que todo mundo termina por concluir que el suyo es espectacular y un éxito rotundo (algo parecido a lo que sucede con los hijos), y nosotros no fuimos la excepción, aunque me permito informar que el consenso posterior, incluso entre los más escépticos, fue aprobatorio y con elevadas calificaciones.

Consejos: el mejor grupo posible, el mejor alcohol posible, y evitarle a la gente traslados a estados
de la República que se ubiquen más allá de las Torres de Satélite o la salida a Cuernavaca.

Una vez casados se inicia la cuenta regresiva hacia la paternidad. La pregunta cambia a "Y ustedes ¿Para cuándo?", un constante recordatorio de nuestras obligaciones demográficas y de propagación de la especie, que se vuelve particularmente brutal cuando pasan uno a dos años, y nada.

Jóvenes profesionistas urbanos que somos, mi esposa y yo habíamos dejado claramente asentado que, por lo menos en los primeros dos años, mejor esperar porque no iba por ahí la cosa. Queríamos hacer el gran viaje soñado a Asia, buscar una casa y dejar el departamento, hacer muchos otros viajes no tan soñados pero igualmente divertidos, dormir ocho horas diarias, etc. En nuestro favor teníamos que nuestros respectivos padres no dependían de nosotros para tener sus primeros nietos, nuestros hermanos y hermanas se habían hecho cargo de esa tarea crucial.

Lo que podríamos denominar "intentos informales" para embarazarnos arrancaron, me parece, a finales de 2007 o principios de 2008. Por "informales" me refiero a que lograr un embarazo no era el objetivo central de la actividad, pero sí uno claramente señalado al margen. En otras palabras, ya no estábamos haciendo nada por evitarlo, y si pegaba, que bueno que así fuera.

Un año después no había pegado, y habíamos pasado de la informalidad a los bordes de la obsesión. Si hay algo peor a que a cada rato te pregunten "Y ustedes ¿Para cuándo?", es que ya ni siquiera te lo cuestionen porque en el imaginario colectivo ya eres una causa perdida.

Justo cuando estábamos por instalarnos en el drama permanente, y nos hacíamos como la pareja de "Up", que no puede tener hijos, vino el milagro.
"Vas a ser papá",me anunció mi esposa un viernes de junio de 2009. Estaba ya tan resignado a que no iba a suceder, que no le creí. Ahora, que ya pasó todo el embarazo y nacimiento, sigo sin creerlo.

Carlos Eboli
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